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Bob Dylan, con una carrera tan prolífica y polémica como reservada es su actitud ante los medios, cumplio la semana pasada 70 años considerado por muchos como un auténtico genio revolucionario.
Robert Allen Zimmerman, su nombre real, es un símbolo de la contracultura estadounidense desde comienzos de la década de 1960, cuando su encendido repertorio de cantautor encontró acomodo en las proclamas de una sociedad que hervía por la guerra de Vietnam al tiempo que se unía en la lucha por los derechos civiles.
"No soy un salvador o un profeta", dijo en 2004 en su primera entrevista televisiva en casi 20 años.
"Mis canciones no son sermones y no considero que haya nada en ellas que diga que soy un portavoz de nada ni de nadie", argumentó, al tratar de restar valor a composiciones míticas como las incendiarias y comprometidas "Like a Rolling Stone", "Blowin' In The Wind" o "The Times They Are A-Changin".
Son cincuenta años sobre los escenarios, incluidos los que pisó en abril pasado en China, para una trayectoria que vivió un importante punto y aparte en 1966, cuando sufrió un grave accidente de moto que le llevó a recluirse de la fama y la presión, alejándose de los escenarios mientras pasaba más tiempo con su familia.
Dylan se casó en dos ocasiones: en 1965 con Sara Lownds (de quien se divorció en 1977), con la que tuvo cuatro hijos (incluido Jakob, vocalista de "The Wallflowers), y con Carolynn Dennis en 1986 (se divorciaron seis años después), con quien tuvo una hija más.
Su vida y obra quedó retratada con clarividencia en sus memorias "Chronicles, Volume One" (2004) y en el documental de Martin Scorsese "No Direction Home